- y si no, también-
voy a descolgarme por la ventana
antes de que se me claven los nudillos al alféizar
y me astille las pestañas el cristal.
Si me permites,
- y si no, también-
rompo este musgo en mil ratones,
que se me han descabalado las palabras
y no sé lo que te iba a contar.
Si me permites,
- y si no, también-
deslizo los muelles bajo el somier
a ver si esta noche no suenan
cuando caigas rodando por las escaleras.
Si me permites,
-y si no, también-
grapo tus labios con acedera
mientras descoses los míos con tus besos
y ellos cuentan hasta diez desde el final.
A Luis,
por su mítico
"Permíteme que me tronche"
