Pasa el tiempo según la cantidad de arena que cae. Y ahora, que es su hora del té, lo sustituyen por terrones de azúcar que lo paralizan.
Paréntesis temporales.
Inventan los aromas que se llevarán la temporada pasada y cuentan los segundos como los caramelos de fresa, por el envoltorio.
Estruendos de sabores.
Y siguen diciendo que las hadas no existen.