sábado, 26 de mayo de 2012

"(...)una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal (animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz); se puede agitar la toalla en situaciones de peligro como señal de emergencia, y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún está lo suficientemente limpia.

Y lo que es más importante tiene un enorme valor psicológico. Por alguna razón, si un estraj (estraj: no autoestopista) descubre que un autoestopista lleva su toalla consigo, automáticamente supondrá que también está en posesión de cepillo de dientes, toallita para lavarse la cara, jabón, lata de galletas, frasca, brújula, mapa, rollo de cordel, rociador contra los mosquitos, ropa de lluvia, traje espacial, etc. Además, el estraj prestará con mucho gusto al autoestopista cualquiera de dichos artículos o una docena más que el autoestopista haya "perdido" por accidente. Lo que el estraj pensará es que cualquier hombre que haga autoestop a todo lo largo y ancho de la Galaxia, pasando calamidades, divirtiéndose en los barrios bajos, luchando contra adversidades tremendas, saliendo sano y salvo de todo ello, y sabiendo todavía dónde está su toalla, es sin duda un hombre a tener en cuenta."
Guía del autoestopista galáctico, Douglas Adams


Ayer anduve sin mi toalla. Tenéis permiso para reñirme...
Las estrellas pinchan.

Yo solo aviso.

domingo, 20 de mayo de 2012

Princesas modernas. Anuncios por palabras.

Se busca título de caballero andante, falso o robado, expedido al momento o con trámites.



Se vende diploma de princesa encantada. Razón: desencanto.



Encontrado zapato de cristal, rayado y sucio, con una piel de plátano clavada en el tacón.



Cursos de cocina "Maléfica". Taller de frutas envenenadas. Plazas limitadas. Cobntacte mediante su espejo más cercano.


Su huerto en palacio. Hoy: conferencia sobre el cultivo de guisantes en cama.



Lobo busca hogar. Ojos, orejas y boca grandes y peludas. Me gusta la miel y las tortitas.



domingo, 13 de mayo de 2012

Bebo porque la gente no me gusta,
porque a la gente la quiero demasiado;
las cosas cambian y el ímpetu se enferma,
sé lo que dan de sí los hombres;
sé que hay pocos que prestarían sangre,
sé que hay muchos que me encarcelarían.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.
Porque la noche es larga y tiene seres,
la vida es corta en cambio y tiene prisa,
la alcoba es grande y el sereno bizco
y un chinche flaco trepa por el techo.
Bebo para acordarme de estas cosas.
Bebo para olvidar que estoy bebiendo.

Gloria Fuertes




El gerundio del olvido no me gusta

Todo lo que quiero es aprender a olvidar tu triste nombre mientras una muchacha se desata frente a mí su única sonrisa tan cenicienta como una premonición tan reciente como una mentira tan frágil como el recuerdo o el hojaldre. Todo lo que quiero es aprender a olvidar tu triste nombre pero no sé si emborracharme como casi nunca o llorar porque no hay nada en este instante tan irrelevante tan familiar tan educadamente estúpido como las únicas palabras con las que me consuelo ingenuamente: su tabaco, gracias.

Raúl Vacas

viernes, 4 de mayo de 2012

Apuntes ruinosos

Crujieron las puertas
como si al hotel
le rechinaran los dientes.

Vladimir Mayakovsky
La urbe en pantalones


Hay un desconchado en la pared de mi habitación.
Un desconchado talla XXL, con vistas al taco de la balda que colgaron en la habitación de al lado. Es blanco, irregular. Lo encontré un día colgando del resto de la pared. Desconchado de medio centímetro en una pared de diez. Feo, solitario.
Últimamente, está aprendiendo a hacerse invisible.


Detroit