martes, 30 de enero de 2007

Payasos


Lunes martes miércoles jueves viernes sábado domingo..y la cuenta vuelve a empezar. Lunes martes miércoles sábado domingo... y la cuenta vuelve a empezar. Y a acabar. Y a empezar...
- ¿Siempre lo mismo?
- Sí, lo mismo.
- Repitiendo días como una máquina, sin encontrar esa magia que antes volvía todo de mil colores risueños, que hacía brotar esas risas perdidas, que lograba destellos de alegría en los ojos más tristes...
- Y pasan, uno tras otro. Monotonía. Y cada paso es más gris. Y cada paso pierde color. Y cada paso tiene menos luz. Y cada paso...
- Ya nada es igual, ¿no?
- No, perdiste...
- ¿Qué?
- Eso.
- ¿Qué es eso?
- Tú lo sabes, sigues soñando con ello.
- No, no sueño.
- SÍ, siempre sueñas con eso. Y lo sabes. Y te alimentas de ese sueño...
- No es verdad, simplemente... eso, sueño. Ahora mismo podría dejarlo. Y seguir viviendo como siempre.
- ¿Como siempre? No, no puedes. Quieres, necesitas que vuelva...
- ¿Qué?
- Eso.
- En fin, llevas razón, quiero que vuelva eso. Pero... ¿Qué es exactamente eso?
- Tu lo sabrás.
- No, no lo sé.
- Lo llevas dentro.
- ¡Por eso no lo sé!
- Está bien... es...no sé, quizá como cupido y un payaso, el amor y la risa, la alegría y el cariño...
- ¿Quieres decir que he perdido a mi payaso?
- Quizá sí. Quizá no. Quizá simplemente está dormido.
- ¿Y si lo despierto?
- Tu verás.
- No, no puedo. Tendría que despertarlo...él.
- ¿Quién?
- Nadie, olvídalo. En realidad no está dormido. Sólo está...
- ¿Cómo?
- Triste. No es más que un pobre payaso triste, que ha perdido la sonrisa... y el don de entregarla.
Es posible que algunos de vosotros ya lo hayáis leído, cuando lo escribí y lo publiqué en mi espacio, cuando lo he vuelto a publicar en algún foro...
Pero es quizá lo que más me gusta de todo lo que he escrito. Tiene mucho de mí y a la vez nada. Cuando fue creado casi todo se podía aplicar, de una forma u otra, de lejos o de cerca, a mi situación. Ahora, no todo, pero algo sí.
Aunque la razón rpincipal por la que está aquí ya la he dicho: es lo que más me gusta de lo que he escrito, y merece tener un huequecito aquí.

Espero que a vosotros, tanto a los que lño conocéis como a los que no, también os guste.

martes, 23 de enero de 2007

Caricia

Cerró los ojos y dejó que la sonrisa que llevaba tanto tiempo conteniendo aflorase a sus labios, dejando deslizar las comisuras sobre sus mejillas suevamente, con la cadencia de un flor al abrirse para recibir un nuevo día.
Voló hasta los paraísos que hacía tanto tiempo que no visitaba, bailando de nube en nube un vals a la felicidad, acompañada por el rumor de una cascada de sentimientos que derramaba paz sobre su corazón.
Sintió, con todo su alma a flor de piel, aquellos dedos suaves que le recorrían su cuerpo, susurrándole palabras de amor en un idioma que sólo ellos dos podrían descifrar, flotando eesa intimidad que los unía hasta límites insospechados, convirtiéndoles en un solo ser en medio de una nada de amor.
Siguió disfrutando de sus caricias dejando que, cada minuto, fuese una eternidad.

domingo, 21 de enero de 2007

Cuando miramos el mundo...

Cuando miramos el mundo
destruido, bajo el peso
de un abismo que creamos
cada día al despertar.
Esas veces que logramos
entender de una vez
que matamos sin saber
que aplastamos sin querer.
Y quedamos
en que nadie tiene nada
que aún nos pueda servir
para aguantar, para vivir.
Porque todo,
todo está perdido,
arruinado de imprevisto
como un último aviso
que nos quiere aconsejar
no abandonar,
seguir tratando de salvar
la humanidad.

domingo, 14 de enero de 2007

Recuerdos

Recuerdos

(que, por cierto, no existen en realidad)


Una mirada,
energía que traspasa,
fuegos ardientes del alma.


Un beso,
el primero ante nada,
cambio uno por mil palabras.


Una caricia,
el viento de tu mirada,
tus regalos de mañana.


Un susurro,
un "te quiero", vaharada
de delicias en palabras.


Tu recuerdo,
me persigue hasta en calma,
cuando ya no queda nada.


(llevo una temporada dándole vueltas al mismo asunto...
lo siento, no lo puedo evitar, es el problema que tiene el que te rodee por todas partes
pero a la vez de evite)

jueves, 11 de enero de 2007

Llantos del pasado...

Callaré
y solamente lloraré
porque jamás podré volver.

Lloraré
y simplemente secaré
las lágrimas que no dejé caer.

Secaré
mi corazón con nuestro ayer
pues nada queda al perder.

Pediré
una vez más
tu vuelta atrás.
Y triste, sola, moriré.

lunes, 8 de enero de 2007

Nadie

Cerró la puerta del piso dando un portazo, para dejar claro a nadie de que se iba, de que no quería regresar a ese lugar invadido por recuerdos de nadie. Saltó escaleras abajo, por los desconchados escalones que no habían sobrevivido al paso de los años, obviando al ascensor, perseguida por una presencia silenciosa que pretendía frenarla y hacerla fijarse en los viejos buzones oxidados, donde nadie aparecía junto a su nombre indicando que la casa la ocupaban ¿dos?, ¿una persona?. Corrió calle arriba, hasta llegar a un parque verde, lleno de parejas, abuelos paseando, niños jugando al cuidado de madres que cotilleaban, jóvenes charlando, pájaros persiguiéndose entre las ramas de los árboles, alguna ardilla que, presurosa, cruzaba uno de los caminos transitados por los paseantes que habían salido a que les diese la luz del Sol y, destacando en mitad de esa nada, nadie yendo hacia ella a abrazarla, a decirla que no, no estaba sola, que ellos dos siempre estarían juntos.


Siguió, tropezándose con el pavimento de la acera, siendo sujetada por nadie para evitar que cayera y se lastimase, tratando de llegar, ¿a dónde? Se perdió, vagabundeó por la ciudad vacía acompañada por nadie, llena de gente con prisa que pujaba por llegar la primera a ningún sitio, cruzándose con los rostros de nadie, pero también de todos tras cada esquina. Caminó, caminó, caminó. Sin rumbo, sin un destino fijo. Nada más que librarse de esa presencia de nadie que la perseguía y buscar, encontrar por fin a nadie que de nuevo, una vez más, le dijese que la quería.

Nadie sabe dónde, nadie sabe cuándo, nadie sabe cómo, nadie sabe por qué nadie se dejó ver, por un solo instante salió de su escondite tras la nada y ella le descubrió y le preguntó por última vez por qué nadie estaba a su lado cuando dormía, porqué nadie la consolaba cuando lloraba, porqué nadie le susurraba las noches de tormenta, porqué nadie compartía el corazón con ella.



Y la respuesta, querido nadie, sólo la sabe...nadie.

sábado, 6 de enero de 2007

Deslizando

Hubo un tiempo en que pensé que podia helar mi corazón y no sentir nada...


Ahora sé que eso es una ilusión, pero estoy aprendiendo a deslizarme entre mis sentimientos suavemente, de forma que no me lastimen.

(no ando muy inspirada...)

martes, 2 de enero de 2007

Invierno

Invierno. Veo los copos caer lentamente, deslizándose por el aire hasta posarse con suavidad sobre la nieve y casi entiendo por qué a mucha gente el invierno les produce una sensación de melancolía. A mi cada uno de esos copos me trae a la memoria momentos vividos hace ya tanto tiempo…

Por cada copo que cae recuerdo aquellas largas noches de invierno, cuando nos reuníamos toda la familia en torno al hogar y la abuela nos contaba historias de cuando era joven. Algunas asustaban a mis hermanos pequeños. Entonces, mi madre les cogía en brazos y les cantaba al oído, susurrándoles hasta que se calmaban y dormían. Otras veces cantábamos, sobre todo en Navidad. En esa época el pueblo olía a los dulces que preparaban las familias y cada casa tenía una corona de ramas de abeto entretejidas colgando en la puerta. Los niños las hacíamos poco antes de las fiestas, compitiendo para que nuestra puerta quedase mejor decorada que la de los demás vecinos. Mi padre tallaba campanillas y renos de madera que luego colocábamos en nuestra corona. A veces hacía muchos y los vendía por otros pueblos o se los regalaba a los niños para que jugasen con ellos. Cuando yo era pequeña hizo una muñeca de trapo, la rellenó con el serrín de las figurillas que esculpía y me la regaló por navidades. Era la muñeca más bonita que había visto nunca, con sus labios rojos, teñidos con jugo de alguna baya y los ojos negros, hechos con dos botones que le dio la abuela. Los siguientes años, mis regalos de Navidad fueron vestidos para mi muñeca. Cuando crecí y dejé de jugar con ella se la regalé a la hija de mi hermano mayor, con todos sus vestiditos y complementos como mi regalo de Navidad. Aún puedo ver la luz de su sonrisa agradeciéndome el regalo.

Recuerdo también las grandes nevadas, cuando teníamos que pasar días enteros sin salir de casa, con todos los postigos cerrados y el viento aullando a nuestro alrededor. Dormíamos todos juntos, tapados con muchas mantas, pues el frío se colaba por todas las rendijas de las paredes y trataba de congelarnos los dedos de los pies. El fuego pasaba todo el día encendido y, al acabar la tormenta, salíamos a buscar leña al bosque para completar nuestra reserva, que casi se había agotado. Salíamos en grupos grandes porque los lobos estaban hambrientos y era peligroso encontrarse con uno a solas. Todos volvíamos con grandes haces y a mi me solía doler la espalda los días siguientes de cargar con la leña. Un año nevó tanto que apenas podíamos abrir la puerta de casa, hubo que salir por las ventanas a limpiar la calle y cuando lograron apartarla de los caminos el pueblo estaba rodeado de gigantescos montones blancos.

Lo que más me gustaba del invierno era, sin duda alguna, jugar con la nieve. Hacíamos muñecos en la plaza de la aldea, decorándolos con ramas y ropa vieja. A veces los dejábamos sin decorar y luego los destruíamos lanzándoles bolas de nieve hasta que los que vivían en las casas de la plaza nos reñían por manchar de nieve sus fachadas, con lo que teníamos que irnos a las afueras del pueblo a continuar jugando. Teníamos trineos de madera, con los que resbalábamos cuesta abajo por los terraplenes o a los que atábamos a los perros para que nos arrastrasen por la nieve. Otras veces hacíamos batallas de bolas de nieve en el bosque. Nos escondíamos tras los árboles y había que tratar de golpear a los demás y acabar con el menor número de bolazos posible, pero cuidando no dar demasiado fuerte a los más pequeños. En una de estas batallas, cuando yo ya no era tan niña, una bola que venía del chico más guapo del pueblo me alcanzó en la cara. Corrí tras él para devolvérsela y nos alejamos del resto del grupo, él se paró bajo un brote de acebo y cuando yo llegué a su lado me dio un beso. Fue algo tan cálido en el frío día que hacía…

Pero ya no queda nada de eso, la plaza está vacía, por los terraplenes ya no bajan trineos con
niños sonrientes ni entre los árboles del bosque volarán más bolas de nieve en busca de alguien a quien golpear. Ya no hay más coronas de abeto colgadas de las puertas ni campanillas talladas en la madera. Ahora nadie quitará la nieve que se amontone en las puertas, ningún abuelo contará historias junto a la hoguera. Mi pueblo es un pueblo fantasma, devastado en una absurda masacre fruto de una de las muchas guerras que asolan el mundo día a día. Hoy ya no queda nadie, pues todos murieron en la matanza. Hoy sólo quedo yo para gritarle al mundo, mientras pueda, que ya no hay inviernos para mi aldea.