sábado, 28 de abril de 2007

Carta

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Susurró hace tiempo la pluma de Neruda a su amante blanco. Yo no, en esta noche aciaga llorar sobre el papel el dolor que nos persigue rompería la pluma, esparciendo la tinta sobre la distancia, mezclando su sangre negra con la tuya. Esa sangre que un día derramaste sin razón, dejando escapar tu vida con ella y llevándote la mía con ella a ese oscuro sin final del que todos sabemos que nadie puede escapar.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso. Y nos quisimos los dos. A nuestro alrededor creamos un muro de intimidad que deslumbraba al mundo y hacía volver a tener fe en la llama del amor. Ya no era necesaria una palabra en aquellas veladas, cuando nos susurrábamos todo y nada entretejiendo la maraña de emociones que nos unía cada día más.

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Que ya no vas a volver, que hemos perdido una vida juntos y aún no puedo creer en una eternidad a tu lado. Lejos, donde las estrellas atardecen y el tiempo no para de correr con sus segundos de arena hacia un momento infinito. Pensar que ya estás perdido y no pude despedirme. Saber que todo se truncó en un imperceptible instante. Querer soñar que tu último pensamiento fue para mí.

Dicen que las palabras se las lleva el viento. Y eso es lo que quiero que ocurra con éstas. Que vuelen, vuelen más allá de las fronteras de la luz y la ilusión, que lleguen a ti como un canto, como un último adiós agonizante en mis labios. Que pierdan el sentido hasta ser un sentimiento. Que dejen de ser palabras. Que sólo digan


Te quiero.

jueves, 26 de abril de 2007

Crimen II


El cuerpo cayó al suelo, inerte.
¡Bang! Sonó el disparo, Lorenzo había apretado el gatillo.
— Siempre supiste el precio de la traición.
Cuando llegó, sólo se molestaron en recordarle una cosa.

Otro crimen al revés. Me pidieron uno, yo escribí dos, y al final no lo tuvimos que entregar. En este experimento con lo de "al revés" de otra forma...

miércoles, 18 de abril de 2007

Crimen

Salgo de la habitación limpiándome las manos. ¡La sangre mancha de una forma increíble!
He clavado la daga, esa antigualla turca que estaba sobre la repisa de la chimenea, en mitad del pecho de Lady Hamilton. ¡La cara que se le ha quedado! Como si no supiese de sobra que la mitad de la sociedad londinense se muere por matarla.

A partir de la primera puñalada, certera (nunca pensé que fuera tan fácil), no ha puesto resistencia. ¡Qué digo! Si al verme con su daga en las manos y adivinar mis intenciones sólo se ha limitado a gemir un "no" desgarrado. Ni siquiera ahí huyó de la muerte. Qué valiente.

Discutimos. Nunca debería haberme llamado libidinosa, por muy culta que le sonase la palabra. no, siendo ella la que se insinúa a todos los caballeros de Londres. Incluido mi marido.
No soy celosa. Pero ella... no. Fue entonces cuando cogí el arma.

La había visto al entrar, demasiado tentadora. Y aparté la vista de su filo, sólo quería aclarar un par de cosas. Lástima que se fuera de la lengua.
Pero nadie lo va a lamentar.


---- El profesor de lengua nos mandó un microrrelato que contase un crimen "al revés". Y ésta es una de las cosas que salió. No. No es que yo esté obsesionada con los criminales. ---

martes, 10 de abril de 2007

Breves


Me dejaste, con una sonrisa
helada, con la mirada
perdida, esperando
tu llegada.
No esperes que te espere
con los ojos pintados
de ilusión y un beso
jugando en mis labios.
Bien lo sabes,
es un sinsentido
gritarme.

El perro levantó una oreja, alerta. La ambulancia pasó. Y Rufo siguió durmiendo.

domingo, 1 de abril de 2007

¡¡¡Silencio!!!


¡Silencio! Con tanto ruido ahí, no podemos meditar.

— ¿Silencio, dices? ¿Por qué callar, muchacho, si mi silencio es tu palabra? Cuando yo callo, tú hablas. ¿Y vos queréis meditar?

— Mejor meditar hablando que ensuciarme los oídos con vuestros viles requiebros. Calla o te harán callar.

— No, no callo, amigo mío. Cuando tú hablas engañas. Y prefiero luchar por mi palabra a tenerte que escuchar.

— Pues habla, señor, platica con las paredes. Pero que no oiga tus palabras. Fuera de aquí. o llamo a la guardia.

— Que yo de aquí ni me muevo. Y por silenciarte espero a que vengan los soldados. Veréis quién logra mandar.

— Vos lo quisisteis. ¡Guardias!


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Os dejo algo que escribí el otro día, medio dormida. Pero tenía el principio rondando por la cabeza y no quería que se perdiese. A ver si con el tiempo lo pulo, lo desarrollo...

¡¡¡Hasta el sábado!!!