
Cerró los ojos una vez más, en esta ocasión sin miedo. Sabía que tras la cortina del sueño ya no le esperaba un profundo abismo, había logrado vencer a todas sus pesadillas. O eso creía.
Pero nunca habría llegado a estar preparado para lo de aquella noche.Nada más dejar a su conciencia volar libre, un golpe de viendo la arrancó de cuajo, llevándosela a un extraño desierto.
Un desierto. Sabía que era un desierto sólo porque algo en su subconsciente se lo gritaba. Y...sí, el Sol brillaba en mitad de un cielo azul tan celeste que hería a los ojos. Pero nada más.
Observó en paraje en el que se encontraba. Un suelo marmóreo, formado por cuadrados blancos y negros que se extendían hasta en infinito. Caminó en línea recta unos metros. Hasta que se chocó contra un muro. Invisible. No. Un espejo.
Pero no se veía reflejado. El Sol tampoco.
Poco a poco fueron apareciendo figuras a su alrededor, rodeándole. Otras enfrente rodeaban a alguien muy parecido a él. Su reflejo.
Poco a poco lo entendió todo. La partida de ajedrez iba a comenzar.
Sin remedio, jugaría como rey. Sería el último en caer contra sí mismo.