
Si Nerea pudiera ser una estrella, seguro que sería esa. No tenía muy claro el por qué, quizá por su brillo argénteo, un poco más blanquecino que el resto, quizá por sus guiños traviesos, quizá por los buenos recuerdos. Quizá por el aparente giro del resto de estrellas alrededor suyo, en una suerte de adoración que sólo la hacía parecer más sola.
La observaba desde la ventana abierta de su habitación, tratando de recoger cada tinte de resplandor con su mirada, bañándose en la calma que la regaba cada vez que contemplaba el firmamento...
Una gota plateada cayó sobre el alféizar. Y después otra. Y otra. Hasta que se formó un charquito que reflejaba el cielo.
Nerea lo miró, pensativa.
Y cerró los ojos para no ver llorar a su estrella, su estrellita.
Polaris.
Imagen: Polaris - The North Star, de cosmosue, deviantArt