No es cieno,
ni agua,
ni aceite.
No es miedo,
ni sueño,
ni muerte.
Silencio
apenas
hiriente.
----------------------------------
Y, poco a poco, volvió a intentar levantarse.
Llevaba una mano en la herida,
para contener su sangre.
La otra, la más firme diestra,
soporta las zarzas, desgarre
de un viento mojado en alambre.
(continuará)